Aurelio y Susana, jóvenes ambos, contentos y de buen humor, se sientan a la mesa más iluminada, Ella lo toma suavemente de la mano:
– ¿Qué vas a pedir? A mí se me antoja el Pastel de Carne que le queda riquísimo a Nancy.
– Yo comeré lo mismo que tú -expresando amor y confianza-.
– ¿Todo?
– Todo de lo que tú pidas: contigo hasta la muerte y si es necesario, me voy contigo hasta al mismo infierno.
Ella sonriendo se enternece y lo ve con admiración y profundamente. Aurelio siente que es el momento adecuado para mostrar a su novia un escrito, algo que garabateó la noche anterior:
– Mira…. así salió de mi cabeza. No tiene correcciones ni tachas, así salió de la nada. Pero si quieres, lo lees después de comer. Susana, escuchando a Aurelio, ya viajaba por la estratósfera y se sentía una mujer realizada desde hacía unos instantes por los comentarios de este y el susodicho papelito. Sin querer, el enamorado había tocado en el punto más sensible de su novia, la que demanda su atención y su afecto sin condiciones.
– ¡Estás loco!, ahorita mismo lo leo.
Y comenzó:
AZUL
De horizonte azul se viste mi ansiedad por verte;
Con tinta azul deslizo mis ensueños,
Que sobre un lienzo te aguardan
Para acunarse en mi memoria;
Azul ese minuto que te conduce
En la grupa desenfrenada;
En la disfrazada alcoba azulada;
La penumbra nos observa
En ese momento rabioso, mágico y de esperanza.
Azul pálido tu postrer sonrisa,
Acompañada siempre
De la chispa azul de tu mirada;
Azul quisiera que fuera siempre
La sangre bendecida por el agua corriente
Y que tiñe la piedra hablantina, chismosa,
En voz de tus palabras.
Pentagrama y seda de tu piel
En este musical y fértil maridaje,
Pentagrama, corcheas
y semi-corcheas que te contienen,
Llamaradas orquestadas
Que preñan la noche que nos oculta;
Momentos en los que tus encantos
Se me escabullen, juegan,
Se me escapan, jugosos, de las manos,
Viendo cómo se adhieren
A las murallas de mi pecho azul grana.
Aurelio observa que las lágrimas nublan los ojos de Susana, aparentemente sin causa, sin entender cabalmente lo importante del momento para la niña,
– ¿Por qué lloras, no te gustó?
– No tonto, me emociono porque me siento feliz -le contesta ella con dificultad, regresando al escrito-.
Él se siente abrumado y no sabe qué decir. Viéndola, se pregunta inocente.. ¿Pos qué hice?.