En Querétaro, llevamos dos días bajo una lluvia intensa y constante. Lo atípico ya se volvió costumbre. Hoy, cualquier lluvia (fuerte o ligera) se traduce en inundaciones. Las redes sociales, lejos de exagerar, retratan con crudeza lo que vivimos: calles llenas de agua y caos vial. ¿Por qué somos una ciudad que se inunda cada vez que llueve?
La lluvia nos delata. Saca a flote la fragilidad de nuestra infraestructura y la falta de planeación urbana. ¿Por qué nos asusta tanto que nos agarre fuera de casa o saliendo del trabajo? Les aseguro que todos conocemos a alguien que ha perdido su coche por una inundación. Y, ¿si hablamos de quienes no se mueven en auto? ¿Se imaginan lo que viven las personas peatonas, ciclistas o usuarias del transporte público? Un video reciente lo ilustra: un joven, atrapado frente a un gran charco en una intersección de la recién inaugurada Paseo 5 de Febrero (#Paseo5F), estudia cómo seguir: ¿brinca, rodea, regresa? Eso no debería pasar y menos en una vialidad nueva, pensada para la movilidad de todos.
Es hora de que quienes diseñan, aprueban y presumen estas obras se bajen del coche, que vivan la calle, que se mojen los pies. Quizás entonces, entendamos que la dignidad en el uso del espacio público no puede depender del clima ni del tipo de transporte que usamos.
Más que una queja, esta es una invitación a reflexionar, a dialogar y a actuar porque todos merecemos movernos con seguridad, porque la ciudad es de todas y todos y la ciudad la hacemos todas y todos.