–Es que te veo tan libre, extendiéndote, volando por todo el jardín, yendo y viniendo, sonriente y feliz. ¿Cómo puedo ser como tú?
–Esa no es la pregunta adecuada.
–¿Por qué no me quieres ayudar?
–Te estoy ayudando; esa no es la pregunta adecuada.
– Entonces, ¿Cuál es la pregunta adecuada?
–La pregunta adecuada es “¿Para qué?”.
–¿Para qué?
–Sí, “¿Para qué llegaste aquí?”, esa es la pregunta: cuando emprendas el viaje hacia la respuesta, te reencontrarás contigo, recordarás y reconocerás quién eres, en consecuencia, comprenderás que no quieres ser como nadie más. Si persistes en el camino, te darás cuenta de la crisálida en que estás envuelta y que te impide extender tus propias alas y, entonces, podrás romperla y extender tu ser. Sabrás que la felicidad es un estilo de vida y no una utopía; superarás tus límites y emergerás siéndote leal a ti misma.
–Tus palabras iluminan mi alma, mi corazón te agradece infinitamente.