Los aranceles impuestos por Trump, con un 50 por ciento a productos semiacabados de cobre y acero, han golpeado duramente a México, uno de los principales socios comerciales de EUA. Estos gravámenes, efectivos desde junio (acero) y agosto (cobre), amenazan la competitividad de industrias clave, generando incertidumbre económica y desafíos estructurales que podrían tener repercusiones significativas en el crecimiento del país.
México enfrenta pérdidas potenciales de hasta mil millones de dólares anuales, lo cual impacta directamente en la balanza comercial y en la inversión en el sector. En el caso del acero, las exportaciones, que alcanzaron los 6 mil 500 millones de dólares en 2024, están en riesgo, lo cual podría traducirse en la pérdida de 7 mil 500 millones de dólares en inversión y 300 mil empleos en sectores estratégicos como la automoción, la construcción y la manufactura.
Consecuencias tales como la pérdida de competitividad que elevan los costos de producción, reduciendo los márgenes de las empresas mexicanas y afectando su capacidad para competir en el mercado yanqui, que representa el 80 por ciento de sus exportaciones. Además, la caída de estas podría desacelerar el crecimiento económico; analistas estiman un impacto de hasta 0.5 por ciento del PIB en 2026. Esto a su vez podría desencadenar un encarecimiento de bienes esenciales de consumo.
México deberá diversificar sus mercados, buscando nuevos destinos en Europa y Asia, urgentemente renegociar el T-MEC y/o los recientes aranceles acestados.