Y las lluvias hicieron evidente la inoperancia de la infraestructura pluvial, resultado de la nula planeación ante el crecimiento acelerado de la ciudad, con daños y víctimas lamentables. Resulta que es más importante la consolidación del ladrillo, el urbanismo y los beneficios por encima de los seres humanos, en una dolorosa y persistente doble moral de la oligarquía dominante. Fue inevitable, el torrencial removió una serie de conexiones, entre ideas y recuerdos, que confirmaron una sentencia: estoy harto. Hace décadas, buscaba la causa y solución en el tiroteo brutal suscitado sobre la cima de una montaña, en el llanto inconcluso ante un féretro vacío, en la proliferación del narco en mi barrio natal, en medio del linchamiento a un ladrón. En algún momento, le planté cara a estas situaciones, a los contemporáneos desaparecidos, a las madres resignadas, a las balas que nos hacían lanzarnos de bruces al suelo desde la cama. Entender que el mundo nunca ha sido un lugar seguro y adaptarse radicó en la resiliencia de sí mismo. ¿Se relaciona directamente la incapacidad con el hartazgo? Es probable: hace varios años, viví atrocidades desde la primera línea; ahora, desde la palabra y el fastidio, soy un simple espectador.