Teresa García Gasca/Consejera del Observatorio Ciudadano de Querétaro
En los últimos meses ha permanecido en la discusión pública y política un proyecto de economía circular del agua que resulta importante, pero que no cumple con varios aspectos (principalmente legales, técnicos y presupuestales) lo que ha generado el descontento de la sociedad.
“El Batán, agua para todos” plantea el reúso de agua residual tratada para consumo humano. Efectivamente, ya otros países en el mundo cuentan con tecnología al respecto, sin embargo, precisan de estrategias específicas que cada país ha dispuesto para garantizar su inocuidad cuando se destina para consumo humano. La experiencia internacional no puede transportarse a la realidad mexicana, ya que es necesario identificar cuáles y cuántos contaminantes emergentes deben ser regulados localmente.
Aquí el primer problema; La NOM-127-SSA1-2021 -la norma que establece los criterios de agua potable en México- no contempla la determinación de contaminantes emergentes y, además, en sus numerales 3.1 y 5.1 prohíbe explícitamente que el agua residual tratada se destine para consumo humano. Esta es una limitación técnica y legal suficiente para que el proyecto no avance tal y como se presenta; a menos que sea replanteado su fin último.
De acuerdo con la información dada a conocer, La CONAGUA ha aprobado el proyecto. Habría que conocer qué criterios son los que la CONAGUA puede aprobar ya que la norma es de la Secretaría de Salud y es a esa instancia a la que le corresponde la aprobación en la materia. Lamentablemente la información es insuficiente y falta de transparencia, lo que pone aún más en duda el proyecto, además de la falta de información respecto del agua destinada a los centros de datos y aspectos presupuestales.
Sin duda el reúso del agua es importante y sería muy útil que esta iniciativa diera pie a procesos de economía circular del agua, no para consumo humano (al menos no en este momento), sino para uso industrial y urbano.