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21 de septiembre 2025

1.

En Querétaro, ciudad capital del estado, en el que un día fuera el Jardín Obregón, hubo un tradicional punto de reunión de los queretanos, el restorán “Las Flores”, sitio testigo de muchas anécdotas y chismes de los parroquianos de toda la vida y de aquellos por venir. Un día, en este lugar, se reúnen dos jóvenes, Jaime, de origen chiapaneco y José Guadalupe, de auténtica cepa queretana.

– Me encanta venir a tu tierra, dice Jaime… huele a historia, es como de cuento. La Plaza de Arriba, la Plaza de Armas, es cautivadora… gracias por invitarme, mientras que con afecto, estrecha la mano de su amigo.

– Siempre serás bienvenido, hermano… dime ¿Dormiste bien? La cama del Gran Hotel ¿Cómoda? Jaime escuchaba a su compañero, mostrando una serenidad que le era propia,

– Sí, dormí como bebé. El viaje me cansó mucho, a pesar de haber hecho escala en la Ciudad de México. Dormí hasta que llegaste… perdón si te hice esperar… eso sí, ¡Traigo un hambre del tamaño del mundo! Son las 8, desayunemos aquí en el hotel.

Ambos ordenaron lo mismo: Un poco de fruta de la época, jugo de naranja, café de grano, huevos ‘albañiles’ en salsa roja, tortillas, pan bolillo o birote, llamado pan de pueblo.  Al final, Jaime saca un cigarro de tabaco negro, fuerte, marca ‘Delicados’, preferencia heredada de su abuelo.

– Aun es temprano… caminemos un poco, la mañana está perfecta, apunta Guadalupe. Falta todavía para que el sol nos cale.

– Si, me gusta la idea, responde Jaime… podríamos visitar la Catedral, San Francisco y que está a un lado de los jóvenes. José Guadalupe, aprovecha para expresar sus conocimientos de la historia de su vieja la ciudad.

– Pareciera que San Francisco es la Catedral de Querétaro, pero no, aunque alguna vez lo fue. En realidad, la Catedral de Querétaro es la Iglesia de San Felipe Neri, aquí a tres cuadras. San Francisco fue Convento de la Orden Franciscana y esta es su Iglesia, centro religioso a partir del cual se escriben muchas de las historias de la ciudad de Querétaro. Este es el sitio fundacional de Querétaro, la piedra angular de una nueva ciudad. Este sitio fue concebido originalmente por grupos indígenas otomíes que en su peregrinar eligen este sitio como ideal por tener agua. Fue llamada República de Indios. A este asentamiento, se suman aquellos españoles provenientes de la Ciudad de México y que descubren a Querétaro como terreno fértil para la propagación de la religión católica. En Querétaro se establece el primer Colegio de Propaganda Fide, en el Cerro del Sangremal, hoy La Cruz. Este hecho marcará la actual e intensa vida religiosa de la ciudad y el estado. Estos dos movimientos de grupos humanos, son los que, con los años, definen la vida política del nuevo y original Querétaro, entidad que promulga su primera Constitución en agosto de 1825, dando así marco jurídico para el ejercicio del poder y la organización política local tras la independencia de México. La ciudad es declarada Patrimonio de la Humanidad en 1996.

2.

Nuestros personajes caminaron la ciudad, visitando sus rincones y plazas. Jaime se sentía transportado y contento.

– Lástima que no pudo venir mi mujer: Estaría encantada.

Así, subiendo por la antigua calle del Sangremal (hoy Independencia), llegaron al Convento franciscano de La Santa Cruz, que como se dijo, fue la primera institución Propaganda Fide (Propagación de la Fe) de América. Ambos entran a la antiquísima y modesta Capilla de El Calvarito, construida antes del templo principal, espacio en el que se respira santidad. Estando sentados en una de las bancas del jardín de La Cruz, Jaime, le dice a su compañero:

– Quero que leas esto que escribí anoche… le entrega una libretita que Jaime siempre trae consigo. Y le advierte que todavía trae los garabatos propios de un borrador.

Para Guadalupe fue un momento emocionante, conociendo a su amigo, quien, siendo poeta, jamás comparte un borrador de sus textos y menos, aquellos que recién salían del horno.

– ¿Quieres que lo lea ahora? ¿Aquí mero?

– Hazme el favor. El ambiente de este rincón es propicio. Por favor…

AMOROSOS (*).

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.


Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa.

*(Esta poesía es de Juan Sabines y que se utiliza para la historia de este cuento)

 Guadalupe queda atónito apenas terminó de leer el poema de su amigo. Volvió sobre aquellos párrafos que le parecieron sublimes y remata mirando a su amigo y emocionado hasta la médula, casi susurrando simplemente le dice:

– Maravilloso… y a continuación, ante la mirada atónita de su compañero de aventura, Lupe se hinca, siendo muy religioso e hizo una oración en silencio: Dios mío, bendice a este hombre y su pluma poética….

 Nota del autor:

Salvo el poema del chiapaneco Jaime Sabines, los personajes y hechos de este relato son imaginarios.

 

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