
Me gusta desayunar en casa de Fito, siempre resulta un momento muy grato. José confesaba esto para sus adentros, en la ruta al ir a visitar a su amigo Adolfo. Mientras, su chofer Carlos, lo observaba vigilante, por el espejo retrovisor ya que era una de las tareas encomendadas por la ‘patrona’, esposa de su jefe, a la sazón, Gobernador del Estado.
– Cuídamelo mucho, le decía.
El perspicaz trabajador se daba cuenta de que algo sucedía con su jefe, pues al preguntarle si el destino era la casa del Lic. Téllez, este contestó con un seco y lacónico, sí. Algo traía el funcionario en la cabeza que lo perturbaba, por lo que, abusando de la confianza entre ambos, Carlos pregunta con la intención de regresarlo al terrenal mundo
– ¿Desayunará con el Lic. en su casa?
– Sí. Su esposa cocina de maravilla. La cocinera oaxaqueña que tienen en casa, le ha enseñado mucho de la cocina tradicional de ese estado. Desayunar con ellos me estimula mucho, pues, además, como pareja, son espléndidos. Durante el trayecto, y como parte de la dinámica normal del día a día, José recibe una llamada de su Secretario Particular, poniéndose a sus órdenes.
En las ciudades pequeñas las distancias son cortas, por lo que pronto se llega a cualquier destino. Ya en el portón del conjunto residencial, el jefe de guardias reconoce de inmediato el auto del funcionario y con un saludo militar, exclama:
– ¡Pase Usté mi jefe! José agradece el saludo y dice a Carlos
– No me gusta que me diga jefe, porque no lo soy, y menos que me saluden de ese modo. Lo siento un poco degradante, una agachonería que no me cuadra. Su tarea es delicada y muy digna, y siempre deben proyectar una imagen de autoridad.
Los amigos se encuentran en el porche de una casa que luce con un orden impecable, limpia, decorada con muy buen gusto y con un jardín reluciente.
– ¿Pasamos a la terraza? El día está espléndido y lo que preparó Chiquis te gustará mucho, una sorpresa. Al invitado esas sorpresas le preocupan, pues tiene un estómago delicado, pero sabe que no es fácil negarse. Fito percibe algo en la mirada de su amigo, pero sobre todo en su lenguaje corporal
– ¿Qué te pasa? ¿Traes algo que te preocupa? No me quiero meter en tus cosas, tú lo sabes. – No hombre, lo que pasa es que mañana tengo que estar en la Capital, asistiendo a una reunión de trabajo de nivel internacional, con el candente tema de la ecología y los riesgos que corre el planeta, de seguir las cosas como van. Fito rasca el plato casi vacío, donde antes estuvieron los huevos en salsa morita, acompañados de trocitos de chicharrón y frijoles refritos con un ligero y fino sabor a chorizo.
– ¡Mira qué casualidad! Tempranito estuve leyendo la edición del periódico de hoy sobre el tema y de la reunión que comentas. Los datos y cifras que leí me hicieron reflexionar. Se hace un silencio entre ambos amigos.
– Una horrible sensación de miedo me agarró del pescuezo, como atrapado por la incertidumbre de lo que el destino les tiene guardado a nuestros hijos y a sus hijos y a los hijos de estos. Y la pregunta es ¿Cuándo? ¿Podemos anticipar el cómo se acabará el Mundo? Vuelve el silencio a llenar el espacio.
– Sí, es preocupante y creo que poco podemos revertir, quizá podremos remediar, nada más. Pienso, continúa Fito, que la naturaleza, la madre de todo, seguirá su rutina, la misma que ha seguido desde hace 12 mil millones de años, aceptando como veraz la Teoría del Big-Bang. Desde entonces, el proceso evolutivo no ha suspendido su inexorable trabajo. Bajo el impulso de la raza humana, hace apenas 20,000 años, la civilización ha evolucionado, ha crecido a un costo terrible y que es donde estamos ahora parados, somos los herederos de esta historia. Es importante que reconozcamos que el hombre moderno ha sido torpe y soberbio, cuyos actos lo han puesto en desventaja. Fito continúa su perorata diciendo que, ante la ausencia de auto-estima espiritual e intelectual, el hombre se convierte en un depredador: primero de él mismo y después de su entorno. Cambiar al hombre en sus entrañas, Pepe, es misión más que una ilusión. ¡Ni como ciencia ficción!
José, que llegó preocupado, ahora su condición empeoró al escuchar que China y Estados Unidos se negaron a firmar el Acuerdo de Kioto y eso es fácil de entender, en un mundo donde los pueblos ¡Tienen que comer todos los días! A ello, súmale la feroz competencia de los mercados del dinero y los intereses económicos de los países hegemónicos. Fíjate: hoy China tiene una población estimada en 1’450,000 de habitantes, mientras que México se acerca apenas al 10% de este dato brutal y ¡Mira cómo nos va! India reporta 1’350,000 habitantes. Asia en su conjunto, suman 4’750,000 habitantes. Los amigos quedan en suspenso ante lo gris del panorama.
¿Qué haríamos tu o yo como gobierno, para alimentar a estas poblaciones? Hoy el mundo, el planeta tierra, está condenada por los rasguños irresponsables que la civilización en su historia, le ha infringido a la naturaleza. Ésta seguirá su curso y el frágil ser humano sucumbirá de alguna manera, sin saber cuándo o a qué hora. El cómo, repito, es lo que asusta. Por más reuniones y programas que se lleven al cabo, nada servirá, pues serán paliativos infinitamente pequeños frente a la grandeza de la incansable madre naturaleza. Todo esfuerzo tendrá una magra utilidad, considerando que lo que realizan las comunidades internacionales siempre resultará insuficiente para poder llevar alimento diariamente y tres veces al día a esta masa humana de consumidores. José y Fito terminaron tarde de su reunión, pues el tema les apasionó, sabiendo que hay toneladas de cosas que decir y, sobre todo, hacer.
A la mañana siguiente y habiendo descansado lo suficiente, José se traslada a la capital de la República en un avión oficial, acompañado de su Secretario Particular y con sendos celulares en mano, tecnología que los pone en contacto con el mundo entero al pinchar un simple botón. Buscando aislarse, José se asoma por la ventana. Observa y le sorprende el espectáculo que ofrecen las nubes al formar figuras caprichosas y fascinantes. Nuestro personaje es un buen hombre, excelente esposo y mejor padre, quien al estar absorto con lo que ve por la ventana, se pregunta: ¿Me traje la lista de cosas pendientes que mi mujer quiere que le lleve a mi regreso?
Así de simple y frágil es el género humano. Este mismo día, Fito le envió a su amigo el gobernador una nota en la que le comenta lo interesante que resultó ver un video titulado “Como los lobos pueden cambiar el curso de un río”, diciéndole: Este es un mensaje clarísimo de lo que ayer mismo platicábamos. Cuídate mucho mi Gober, que por acá hay muchas bocas que alimentar y áreas que rescatar de la pobreza y la marginación. ¡Ah! Y recuerda que Dios siempre perdona, el hombre a veces y la naturaleza, ¡Nunca!






