Paulina Aguado Romero/Regidora del H. Ayuntamiento de Querétaro
Democracia tercermundista: entre la austeridad y la representación real México se encuentra nuevamente en un punto de inflexión.
La reciente iniciativa de Reforma Constitucional en Materia Electoral, presentada el pasado 25 de febrero de 2026, nos obliga a preguntarnos: ¿Estamos perfeccionando nuestra democracia o simplemente estamos abaratando su operatividad a costa de su pluralidad? Como regidora y ciudadana, veo con esperanza ciertos avances tecnológicos, pero con profunda preocupación los posibles retrocesos en la profesionalización de nuestra política.
La Reinvención del Congreso: ¿Pluralidad en Riesgo? La propuesta de mantener 500 diputados pero reduciendo el Senado a 96 escaños (eliminando los 32 de representación proporcional pura) es un movimiento audaz. La integración de la Cámara baja con 97 candidatos de «mejores resultados» premia el esfuerzo territorial y el vínculo real con el electorado, evitando que las curules sean solo para los «consentidos» de las listas partidistas. El riesgo es que la reducción en el Senado podría silenciar a las minorías que hoy sirven de contrapeso. Sin la representación proporcional equilibrada, las regiones con menos población podrían perder peso frente al centro del país.
Austeridad: El Filo de la Navaja El recorte del 25% en el costo de las elecciones, afectando al INE, OPLES y tribunales, es una respuesta directa al reclamo social por el gasto público. Es correcto que nadie gane más que la Presidenta y que se eliminen duplicidades innecesarias. La austeridad debe ser la norma, no la excepción. Sin embargo, debilitar financieramente a los organismos locales (OPLES) y reducir las regidurías a un máximo de 15 por municipio puede asfixiar la atención ciudadana en la trinchera más importante: la local. La democracia «barata» puede salir muy cara si se pierde la capacidad técnica para organizar jornadas seguras y confiables.
Tecnología y Ética: Luces y Sombras Celebro la intención de regular la Inteligencia Artificial y prohibir el uso de bots en campañas. Es vital que la voluntad ciudadana no sea manipulada por algoritmos. Asimismo, la fiscalización rigurosa que prohíbe el efectivo y obliga al uso del sistema financiero es un paso necesario para limpiar nuestra política. No obstante, debo señalar un retroceso preocupante: la prohibición de la reelección consecutiva a partir de 2030. La reelección no es un privilegio del político, es un derecho del ciudadano para premiar el buen desempeño.
Al eliminarla, truncamos la profesionalización legislativa y condenamos a los municipios a reiniciarse cada tres años, perdiendo la continuidad de proyectos que realmente transforman vidas. La reforma busca una «Democracia Participativa» más amplia y tecnológica. Es un camino loable, pero no debemos permitir que la búsqueda de ahorro se convierta en una ruta hacia el centralismo.
La democracia mexicana se construyó desde la pluralidad y la defensa de las instituciones; cualquier cambio debe fortalecerlas, no erosionarlas.