LO BUENO
El PAN dio un paso histórico y democrático al abrir el 100 % de sus candidaturas a cualquier ciudadano, no solo a militantes. Se acabó el dedazo y las cuotas tribales, las candidaturas para los favoritos o para los liderazgos que se perpetúan en cargos de poder. Según el partido, ya hay más de 5 mil aspirantes registrados en una app que quiere demostrar que la puerta está abierta de verdad. Por primera vez, los perfiles territoriales reales tendrán que ganarse el boleto con mediciones de opinión en vez de favores internos. Eso podría legitimar a los candidatos y obliga a escuchar al territorio. En un país harto de imposiciones, esta es una apuesta diferente, radical y arriesgada que podría poner al elector, al ciudadano, en el centro de la toma de decisiones.
LO MALO
Pero el método elegido es frágil: todo se decide por encuestas, sondeos y “nivel de popularidad”. En solo 70 días de puerta en puerta, ¿quién tiene más ventaja? ¿el que sale en TikTok o el que tiene estructura real y propuestas? El PAN está sustituyendo el dedazo por el “likeazo”. La capacidad, la trayectoria y la coherencia ideológica quedan relegadas a un segundo plano. Popularidad no es lo mismo que preparación. Y en política, esa confusión suele cobrarse caro. Ejemplos tenemos muchos, donde la popularidad de famosos, deportistas, ‘influencers’, sirven para sumar votos en las urnas, pero su nula capacidad puede poner en riesgo la administración de municipios, Gobiernos, e incluso legislaciones.
LO PEOR
Lo más grave es el riesgo de vaciamiento ideológico. El PAN nació como partido de principios, no de caudillos mediáticos. Al convertir las candidaturas en un ‘reality’ de popularidad, abre la puerta a oportunistas, ‘influencers’ y “defensores de la patria” de ocasión que mañana pueden cambiar de bandera si les conviene. La lealtad hacia los principios podría quedar vulnerable y las promesas hechas en campaña podrían diluirse con mucha facilidad. Sin el apego o acompañamiento del partido, un perfil ajeno podría desentenderse fácilmente y cambiar de bandera según sus propios intereses. En 2027, cuando México necesita claridad doctrinal frente al autoritarismo, el PAN podría presentarse con un ejército de candidatos famosos… pero sin alma panista. Eso podría no ser la democratización anhelada.