En los últimos días he tenido el privilegio de acompañar a cientos de familias de la delegación Epigmenio González en ceremonias de clausura escolar. En cada escuela, vi algo que se repetía: el orgullo de las madres y los padres, la emoción de las maestras y los maestros y la ilusión de niñas, niños y jóvenes que cierran una etapa para comenzar otra. Confieso que, al terminar cada evento, me quedaba la misma reflexión: ¿qué sigue para ellos?
Con frecuencia decimos que las juventudes son el futuro, pero ese futuro no se construye solo con discursos sino con acciones de Gobierno. Detrás de los indicadores de desarrollo, competitividad y calidad de vida hay décadas de políticas públicas que privilegiaron la planeación sobre la improvisación; se ha colocado a la educación como motor de movilidad social, el Estado de derecho, la atracción de inversión y la colaboración entre Gobierno, academia e iniciativa privada.
Esa visión ha permitido construir un entorno de paz, certeza y oportunidades que hoy distingue a nuestro estado; preservarla no significa resistirse al cambio, sino asegurar que las nuevas generaciones encuentren en Querétaro un lugar donde puedan desarrollar su talento, cumplir sus metas y construir un proyecto de vida.