Francisco Pájaro Anaya/Soy puro San Juan del Río
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Ya se escucha por los caminos de nuestro estado el bello canto del “Pues Concebida”, señal de que inicia la peregrinación anual a la Basílica de Guadalupe por parte de la Diócesis de Querétaro, que año tras año se convierte en una gran manifestación de fe y amor a la Virgen de Guadalupe. Además, representa una muestra de unión entre los queretanos de todas las regiones del estado y de otras personas que se suman a esta tradición, considerada Patrimonio Cultural de nuestro Estado.
Desde 1886 comenzaron las peregrinaciones a la Ciudad de México, por iniciativa del obispo de la diócesis, monseñor Rafael Sabás Camacho, quien propuso que todas las diócesis mexicanas acudieran a rendir homenaje a la Virgen de Guadalupe en la entonces Colegiata del Tepeyac. Sin embargo, como muchas personas no contaban con los recursos necesarios para trasladarse en tren, optaron por realizar el viaje a pie. Así, desde diversos lugares partían caminando para llegar al homenaje diocesano.
Al observar esta situación, el obispo aprobó formalmente la peregrinación y estableció que cada año los queretanos se postraran ante la Virgen de Guadalupe durante el mes de septiembre, llegando al Tepeyac para celebrar la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen, el 8 de septiembre. Esta práctica se mantuvo durante mucho tiempo; posteriormente, la fecha se trasladó al mes de octubre con motivo de la coronación pontificia de 1895 y, más adelante, a distintos meses, hasta llegar a la actualidad, cuando la peregrinación se realiza en julio, aprovechando el periodo vacacional de los estudiantes.
En la década de 1960 se inició la peregrinación de las mujeres queretanas y, más recientemente, la de los ciclistas, lo que permite que, en un solo día, más de ochenta mil queretanos se congreguen a los pies de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac.
Algo que llama poderosamente la atención es la gran cantidad de personas que participan, lo que la convierte en la peregrinación más importante del país que llega a la Ciudad de México. Sin embargo, lo más extraordinario, a pesar de las múltiples circunstancias que pueden presentarse, es el orden, la participación y la solidaridad que distinguen a los peregrinos y peregrinas.
Este fin de semana llegarán a la noble ciudad de San Juan del Río, donde serán recibidos con entusiasmo y alegría, pues este municipio representa el último punto antes de abandonar el estado. Ahí descansarán y se reunirán las columnas provenientes de la Sierra Queretana, que llevan ya ocho días de camino, con aquellas que parten de la ciudad de Santiago de Querétaro.
Que esta noble tradición queretana continúe transmitiéndose a las nuevas generaciones y siga siendo una muestra de la fe y la devoción de los queretanos hacia la Virgen de Guadalupe.