Por siglos se ha buscado el dominio y expansión territorial para tener el control y el poder absoluto. Los romanos fueron grandes maestros de ello. Conquistaron grandes territorios y lograron hacer el imperio más grande y poderoso de aquella época. Pero, lo difícil no es llegar, sino mantenerse.
Los gobernantes podrían pensar que manteniendo “entretenido” al pueblo y cubriendo sus necesidades básicas se le tiene contento y controlado, para así poder seguir haciendo de las suyas y lograr el gran objetivo; enriquecimiento y poder.
Pero, cuando la estrategia fomenta una población que exige cada día más subsidio, más servicios, más y más apoyos, sin tener la cultura de involucrarse en su comunidad para mejorarla, de analizar si sus gobernantes están haciendo bien las cosas, el país acaba perdiendo. No puede haber crecimiento si la población es cada vez más dependiente del Estado, sin ahondar en que en un sistema democrático como en el que vivimos, requiere de una CORRESPONSABILIDAD entre el ciudadano y el gobierno.
La falta de responsabilidad ciudadana solo le conviene a quien busca mantenerse en el poder por intereses personales. Si las necesidades de la ciudadanía son atendidas únicamente a través de subsidios y servicios, esto fomenta una mayor apatía y destruye el análisis crítico de la gestión pública y el exigir rendición de cuentas a sus gobernantes.
La solución no solo está en tener mejores gobiernos, el punto clave es una sociedad participativa, informada, proactiva.
La participación ciudadana es un pilar fundamental en el funcionamiento de las democracias modernas. No solo es un derecho de los ciudadanos, sino que también es una herramienta crucial para el fortalecimiento de las comunidades y la mejora de la calidad de vida, es la expresión más clara de una democracia participativa. Permite que las voces de los ciudadanos sean escuchadas y consideradas en la formulación de políticas y decisiones gubernamentales. Esto no solo legitima las acciones del gobierno, sino que también lo convierte en un ente más responsable y transparente.
¿En qué más nos beneficia?
Fortalece la democracia.
Genera un empoderamiento de la comunidad al fomentar un sentido de pertenencia e identidad reforzando la cohesión social.
Mejora el desempeño del gobierno y con ello, los servicios públicos al obtener retroalimentación de la población.
Promociona la justicia social: a través de la organización y el activismo, los ciudadanos pueden abogar por la justicia social y la defensa de los derechos humanos, ayudando a combatir la desigualdad y promover una distribución más justa de los recursos.
En la política actual, escuchamos reiteradamente el “interés” de que la ciudadanía esté cercana al gobierno. Discursos, bailes en tik tok, redes sociales mostrando caras amables cercanas a la gente, plataformas y mesas en donde se convoca a la población a dar su opinión, pero ¿en realidad es así?
Si las iniciativas de participación no vienen de la propia ciudadanía, caemos en el riesgo de que la participación esté limitada a los criterios del gobierno; su metodología y objetivos.
Es por ello, que, desde hace 10 años, el Observatorio Ciudadano de Querétaro realiza evaluaciones semestrales a las administraciones municipales.
Somos una asociación civil, conformada por académicos, empresarios, colectivos y sociedad civil que buscamos involucrarnos en las decisiones del gobierno, para así encontrar mejores soluciones a las problemáticas que vivimos y juntos lograr el desarrollo y bienestar de los municipios.
Desde hace 6 años, trabajamos en una agenda con enfoque en derechos humanos pues es imperante garantizar la protección y promoción de la dignidad humana, la justicia, la igualdad y la paz.
La defensa de los derechos humanos y reconocimiento de estos es fundamental para construir sociedades más justas y equitativas, donde todas las personas puedan vivir con dignidad y oportunidad.
¡Te invito a que conozcas más de nosotros y nuestro trabajo!