Mtra. Luisa Argelia Carrera Chávez/Directora General del Observatorio Ciudadano de Querétaro
¿Si hombres y mujeres tenemos garantizada la igualdad como derecho constitucional en el art. 4to de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, porqué aún se habla de desigualdad entre nosotras (personas)?
El artículo antes referido a la letra dice “La mujer y el hombre son iguales ante la ley” (CPEUM, 2024). Sin embargo, los datos reflejan una realidad completamente distinta:
En México, por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer haciendo el mismo trabajo tan solo recibe una remuneración de 86,5 pesos; la brecha salarial es del 13.5 % como lo indica ONU MUJERES (2022).
En nuestro país, el 71% de las labores domésticas y del cuidado, las llevan a cabo las mujeres de acuerdo con datos de ONU MUJERES (2022).
En el año 2021 ANUIES (Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior) México reportó 924 mil estudiantes inscritos en las carreras de ingeniería de las universidades del país (2020-21), pero solamente 291 mil son mujeres.
Patricia Rodríguez López, investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) reporta que en el año 2022, solamente el 19% de los puestos de CEOs en México fueron ocupados por mujeres, lo cual, ubica a nuestro país por debajo del promedio en América Latina que es del 22%.
De acuerdo con el INE (2024) hay 32 entidades federativas (estados) en México, dirigidas por la figura de gobernador, de los cuales 19 son hombres, 13 son mujeres.
Entre las personas privadas de su libertad, por ejemplo, el porcentaje de mujeres que vivió situaciones de violencia como el acoso sexual, el manoseo, el exhibicionismo o el intento de violación (15.5 %) fue cinco veces mayor que el de hombres (3.2 %), según reportó INEGI (2024).
Las mujeres con discapacidad reportaron con mayor frecuencia discriminación por razón de género (19.4 %), que los hombres con discapacidad (5.8 %), una diferencia de 13.6 puntos porcentuales de acuerdo con la ENADIS (2022).
Podríamos seguir dando datos y encontraremos que estas desigualdades por razón de género ocurren en prácticamente todos los espacios de la vida económica, política, social y cultural de nuestro país. Pero, ¿por qué persisten estas desigualdades cuando no solamente contamos con la carta magna que garantiza la igualdad en el acceso a derechos y oportunidades, sino también diversos instrumentos jurídicos y reglamentaciones para su adecuada implementación y supervisión?
Podemos mencionar al menos los siguientes:
Ley Federal para Prevenir y Erradicar la Discriminación (2003)
Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres (2006)
Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (2007) Reglamento de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (2008)
Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas (2007)
Reglamento de la Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas (2009)
Modificación al art. 1ro de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en noviembre del 2024 garantizando el “goce y ejercicio del derecho a la igualdad sustantiva de las mujeres” (CPEUM, 2024).
Lo que en nuestro país sostenemos – en realidad – es una igualdad jurídica y formal que a través de los instrumentos antes mencionados parecieran garantizar un acceso a derechos y oportunidades igual y equitativo. Es decir, existe igualdad jurídica y formal, pero no hemos logrado la igualdad sustantiva.
La Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, antes mencionada, en su artículo 5, fracción V, define la igualdad sustantiva como: “el acceso al mismo trato y oportunidades para el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos y las libertades fundamentales”. Esto implicaría hacer estos derechos y libertades efectivos en la vida cotidiana de las mujeres; un ejercicio pleno y extendido para todas y por tanto la eliminación de las desigualdades que enfrentamos las mujeres y otros grupos históricamente marginados.
La falta de igualdad sustantiva en México se debe a una combinación de factores estructurales, culturales y socioeconómicos, que perpetúan las desigualdades.
Algunos de estos factores incluyen:
Cultura y Normas Sociales: Existen estereotipos de género arraigados que determinan roles y expectativas específicas para hombres y mujeres, lo que limita las oportunidades de las mujeres en distintos ámbitos.
Violencia de Género: La violencia contra las mujeres, tanto física como psicológica, es un grave problema que afecta nuestro bienestar y capacidad para participar plenamente en la sociedad.
Desigualdad Económica: Las mujeres enfrentamos barreras en el acceso a empleos bien remunerados, financiamiento para emprender negocios y recursos económicos, lo que dificulta nuestra autonomía e independencia financiera.
Acceso a Educación y Salud: Aunque ha habido avances, aún persisten desigualdades en el acceso a educación y servicios de salud, especialmente en comunidades rurales o marginadas.
Falta de Representación: Las mujeres y otros grupos marginados tenemos escasa o poca representación en decisiones políticas, lo que limita nuestra voz y capacidad de incidencia en políticas públicas.
Inercia Institucional: La burocracia y la falta de voluntad política para implementar efectivamente las leyes y políticas de igualdad perpetúan el status quo.
Impunidad: Falta de mecanismos efectivos para sancionar actos de discriminación y violencia, lo que genera un ambiente de inseguridad y desconfianza en las instituciones.
Desigualdades Interseccionales: La desigualdad de género se ve agravada por otras formas de discriminación, como la idea de raza, la clase social y la identidad sexual, que complican aún más la lucha por la igualdad.
Para avanzar hacia una igualdad sustantiva, es necesario abordar estos problemas de manera integral, implicando a diversas partes interesadas, desde el gobierno hasta la sociedad civil. Es un tema de todas (personas).
Estas son algunas estrategias posibles en las que podríamos (re)pensar y con las que podríamos colaborar:
Marco Legal: Fortalecer las leyes – que ya tenemos – para que promuevan la igualdad de género de forma sustantiva (corrigiendo restructurando leyes y reglamentos como el salario igualitario en la Ley General del Trabajo por ejemplo), y combatir la violencia de género, que que éstas sean leyes claras, aplicables y que se hagan cumplir.
Educación y Conciencia: Implementar programas educativos que promuevan la igualdad y la equidad de género desde una edad temprana y que no refuercen o reproduzcan estereotipos de género.
Políticas Públicas: Desarrollar políticas con perspectiva de género que aboquen a la equidad en el acceso a oportunidades laborales, educativas, de desarrollo económico, culturales y de salud. Buscando ofrecer programas que promuevan un verdadero desarrollo de capacidades y habilidades que no necesariamente estén diferenciados por género para evitar la reproducción de las discriminaciones por razón de género.
Apoyo Económico: Facilitar el acceso de las mujeres a financiamiento, capacitación y emprendimiento para fomentar su autonomía e independencia económica.
Cultura y Medios: Combatir estereotipos y roles de género en los medios de comunicación y promover representaciones positivas de la diversidad en la cultura.
Participación Ciudadana: Fomentar el involucramiento de la sociedad civil y organizaciones en la formulación y seguimiento de políticas de igualdad y equidad
Investigación y Datos: Recopilar y analizar datos desagregados por género y otros factores para identificar brechas y evaluar el impacto de las políticas implementadas.
Alianzas: Formar coaliciones tanto a nivel nacional como internacional para compartir experiencias y recursos en la lucha por la igualdad y la equidad de género.
La igualdad sustantiva, es un tema de todas, de todos y de todes.