Paloma Espinoza Cházaro/Ciudadanía y Café
@palomaechazaro
Tener redes sociales institucionales no es abrir Facebook y subir la foto del evento con filtro sepia. Tampoco es para que el community manager se sienta ‘influencer’. Las redes institucionales son —o deberían ser— un puente entre la institución y sus públicos: comunidad interna, aliados externos y la sociedad.
Si no se entiende eso, mejor cierre la cuenta ahora. El público no es la persona que publica, ni su tía la de los piolines. Y ojo: si no atrapa a la generación Z en tres segundos, ya perdió. Cada red tiene un propósito distinto: LinkedIn no es para memes de Piolín, TikTok no es para boletines eternos, y si solo copia lo que otras instituciones hacen, no está comunicando: está haciendo ‘copy- paste’ digital.
¿Qué se necesita? Identidad clara, contenidos útiles, estrategia y, sobre todo, responder. Porque publicar sin escuchar es como hablarle a la pared. Y si no mide lo que funciona, seguirá creyendo que los ‘likes’ de su primo son un éxito institucional.
Las redes sociales son hoy la cara visible de cualquier organización. Si no hay intención, planeación y humanidad, lo que se proyecta no es modernidad, sino desorden. Y ya sabemos: donde no hay comunicación, hay caos.