Paloma Espinoza Cházaro/Ciudadanía y Café
@palomaechazaro
Cuando pensamos en inteligencia artificial, solemos imaginar laboratorios tecnológicos o empresas multimillonarias. Difícilmente pensaríamos en el Vaticano.
Sin embargo, una de las discusiones más interesantes de este año vino de Roma. León XIV dedicó su primera encíclica a la inteligencia artificial y planteó una pregunta profundamente política: ¿quién gobierna los algoritmos?
La preocupación no es menor. Hoy, las plataformas digitales influyen en la información que consumimos, las opiniones que formamos y hasta las decisiones que tomamos. El debate ya no es qué puede hacer la IA, sino quién controla ese poder.
Hace más de un siglo, la Revolución Industrial obligó a discutir riqueza, trabajo y derechos. Hoy, la Revolución Algorítmica nos enfrenta a nuevos desafíos: desinformación, automatización y concentración tecnológica.
La inteligencia artificial avanza más rápido que las reglas para supervisarla. Quizá ahí está el verdadero reto.
La pregunta más importante no es qué tan inteligentes serán las máquinas, sino si nosotros seremos capaces de gobernarlas antes de que ellas terminen gobernando nuestras decisiones.