Paloma Espinoza Cházaro/Ciudadanía y Café @palomaechazaro
Terminó la inauguración del mundial y, durante unas horas, México estuvo bajo la mirada del mundo.
Como suele ocurrir, tiene muchas formas de mirarlo. Quienes celebran la capacidad del país para organizar un evento de esta magnitud y quienes recuerdan que existen problemas que no desaparecen porque ruede un balón. Ambas tienen razón.
El mundial no resolvió la violencia, las desapariciones ni las deudas que tenemos como sociedad. Tampoco las creó. Esos problemas estaban aquí antes del torneo y seguirán después del último partido.
Pero también hay algo que siempre destaca cuando México recibe visitantes: su gente.
Los gobiernos van y vienen. Cambian los partidos, los discursos y las promesas. Lo que permanece es la capacidad de millones de mexicanos para salir diario a trabajar, emprender, estudiar, servir y salir adelante incluso en circunstancias difíciles.
México no es solamente quien gobierna. También son los estudiantes, los comerciantes, los trabajadores, los deportistas, los artistas y las familias que todos los días construyen país desde su espacio.
Por eso, debemos sentir orgullo y exigir mejores resultados al mismo tiempo. Una cosa no cancela la otra.
La mejor imagen de México nunca ha sido un estadio. Siempre ha sido su gente.