Paloma Espinoza Cházaro/Ciudadanía y Café
@palomaechazaro
En América Latina, los péndulos políticos rara vez se quedan quietos. Cuando una opción no responde, el electorado suele buscar el otro lado de la moneda, aunque venga acompañada de nuevas promesas y problemas ya bastante conocidos.
Argentina eligió a Javier Milei después de un desgaste económico y político de años. Chile dio un giro con José Antonio Kast, impulsado por preocupaciones sobre seguridad, migración y crecimiento. Y Colombia acaba de elegir a Abelardo de la Espriella tras el primer gobierno nacional de izquierda encabezado por Gustavo Petro.
¿Estamos ante una nueva ola de derechas? Tal vez. Pero reducir estos cambios a una conversión ideológica sería demasiado sencillo y nos quedaríamos muy cortos. Muchos ciudadanos no votan necesariamente por una doctrina: votan contra la inflación, la inseguridad, el desencanto o la sensación de que el gobierno dejó de resolver sus problemas del día a día. La derecha tampoco es una sola, tiene sus matices.
Quizá la pregunta no sea por qué América Latina gira a la derecha, sino por qué sus gobiernos agotan tan rápido la confianza. Porque el péndulo cambia de dirección, pero los problemas siguen esperando resultados.