Mtra. Luisa Argelia Carrera Chávez/Directora General del Observatorio Ciudadano de Querétaro
A lo largo del primer año de gobierno de la Dra. Claudia Sheinbaum, los medios de comunicación y diversos actores públicos han lanzado una serie de críticas misóginas que revelan cómo persisten —invisibilizadas muchas veces— las barreras de género en el ejercicio del poder.
Las críticas se han centrado en descripciones que parecen inofensivas, pero están cargadas de estereotipos de género: “serenidad”, “florescencia técnica”, “falta de estridencia”, “no ser confrontativa”, “títere”. Estas expresiones podrían parecer elogios, sin embargo, ocultan la expectativa de que una mujer líder no puede ser agresiva, masculina o directa. Se espera que ejerza el poder, pero sin parecer fuerte; que tome decisiones con firmeza, pero sin levantar la voz.
Los discursos misóginos tienen efectos reales. (a) Erosionan la legitimidad no solo de la persona atacada, sino del rol institucional que ocupa. (b) Distraen y distorsionan el debate: se deja de discutir lo que Claudia Sheinbaum ha logrado y no ha logrado, o las críticas o desacuerdos con sus políticas o las cifras y los resultados (buenos y malos), para centrarse en su carácter, su estilo, su “personalidad femenina” o el varón que está detrás de ella porque ella no podría ser capaz de. (c) Reafirman barreras simbólicas que desalientan la participación de mujeres en política ya que ser mujer pública significa que cualquier error será amplificado, y cualquier decisión firme será acusada de autoritaria si proviene de una mujer; pero es normal si proviene de un hombre. El sistema deja ver cómo se construyen las identidades de poder en México.
Abramos un debate real, con sentido y con contenido. Las ausencias, las fallas, los olvidos que parecen voluntarios, la ceguera incluso, y también los progresos y los logros. Hablemos de los hechos.