Cuentan las leyendas de la Huasteca que en sus cuevas más profundas habitan los Lintsi, gigantes de apariencia temible pero de espíritu pacífico. Asqueados por la crueldad humana, ellos decidieron ocultarse del mundo.
Hoy, mientras el agua reclama esas mismas tierras, el Gobierno parece imitarlos: no por paz, sino por opacidad. Hace apenas unos meses, la Conagua advertía de un inminente “día cero” por los largos periodos de estiaje; el destino, en su ironía devastadora, respondió con diluvios.
En la Sierra Gorda de Querétaro y la Huasteca potosina, las lluvias superaron los 350 milímetros en 24 horas, desbordando ríos y causando deslaves en Pinal de Amoles, Jalpan de Serra y Landa de Matamoros, extendiendo la emergencia a San Luis Potosí, Veracruz, Hidalgo y Puebla. “La paradoja es brutal: de la sequía al diluvio; el Estado, ausente”.
Frente a la catástrofe, la respuesta oficial es la misma: minimizar la tragedia y activar la maquinaria clientelar. La reacción de la gobernadora de Veracruz, desestimando los desbordamientos en Poza Rica pese a la evidencia, exhibe una política que desprecia el dato y niega la realidad. México contaba con el Fonden, un instrumento financiero que, con todos sus defectos, operaba con reglas claras y fondos verificables.
Tras los huracanes Ingrid y Manuel en 2013, el Fonden autorizó más de 40 mil millones de pesos para reconstrucción. En 2021 fue extinguido y sustituido por un esquema que empieza y termina con un censo. La ayuda dejó de ser un derecho para convertirse en dádiva administrada por operadores políticos.
El modelo fue probado en Acapulco. Tras el huracán Otis, se anunció un plan de 61 mil 300 millones de pesos que terminó diluido entre créditos, adelantos y apoyos directos de fiscalización imposible. El objetivo no fue levantar el puerto, sino levantar padrones.
Hoy, mientras Guerrero se reconstruye solo, la misma pregunta resuena en la Huasteca: ¿cuántos damnificados hay realmente en la sierra queretana? O debemos aceptar que, como los gigantes Lintsi, el Gobierno también se ha escondido en sus cuevas: no para huir de la crueldad, sino para ocultar a quién ayuda y a cuántos deja a su suerte.