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7 de noviembre 2025

En México, muchas ciudades se gobiernan sin planos, como si fueran territorios improvisados, moldeados por decisiones políticas más que por diagnósticos técnicos. La realidad urbana avanza, pero quienes deciden su rumbo muchas veces lo hacen sin brújula, sin calle y sin ciudad.

Quienes hoy tienen en sus manos el poder de hacer ciudad (presidentes municipales, gobernadores y legisladores) no siempre entienden el territorio que transforman. No son urbanistas, sociólogos ni expertos en movilidad o uso del suelo. Son políticos y la ciudad, cuando se gobierna sin especialistas, suele terminar siendo un reflejo del corto plazo.

El costo de esta desconexión es altísimo: expansión sin planeación, movilidad ineficiente, viviendas lejos de todo, pérdida de suelo agrícola, desigualdad espacial, trámites opacos y participación ciudadana simbólica. Así se construyen las ciudades fragmentadas, las que separan en vez de unir… las que olvidan a quienes menos tienen.

La Encuesta Nacional de Culturas Políticas y Democracia 2023 (ENCPD-2023), elaborada por la UNAM, ofrece una pista clara: el desarrollo urbano no ocupa un lugar central en las prioridades políticas. La mayoría de los ciudadanos no identifica estos temas como prioritarios y los partidos, atentos a las encuestas, tampoco los incluyen en el corazón de sus plataformas. Pero lo urbano está en todo: en la vivienda, en el transporte, en la seguridad, en la desigualdad… y, por eso, ignorarlo es una forma de perpetuar el caos.

Gobernar una ciudad no debería ser un acto de fe. Debería ser un ejercicio de conocimiento. Por eso, uno de los motivos fundacionales del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano (Conared) fue precisamente tender puentes entre el poder y la técnica, articular el conocimiento especializado con el quehacer gubernamental y construir una Nueva Cultura del Desarrollo Urbano donde cada acción de Gobierno se base en evidencia, ética territorial y visión de largo plazo.

Los especialistas no solo diseñan calles: garantizan derechos, corrigen asimetrías, piensan en generaciones y no en encuestas. Su papel es estratégico y su ausencia, una omisión política grave.

En el libro ‘El pulso y el impulso del desarrollo urbano de México’, editado por Conared y Sedatu, distintos autores abordan esta problemática desde varios frentes.

La doctora Louise David, en su capítulo sobre participación ciudadana, sostiene que la toma de decisiones debe dejar de ser un acto aislado del poder y transformarse en procesos corresponsables donde el conocimiento técnico garantice la calidad del debate público.

Esta reflexión coincide con una de las misiones que Conared se ha propuesto: actualizar las leyes, profesionalizar al funcionariado, crear órganos metropolitanos técnicos y formar cuadros jóvenes que entiendan la ciudad como un sistema complejo, porque transformar la ciudad requiere transformar también quién y cómo la decide.

A las juventudes urbanas les toca abrirse paso. Formarse, participar, exigir gobiernos que escuchen a quienes saben… porque la ciudad no puede seguir siendo el escenario de promesas vacías: debe ser el resultado de decisiones valientes, informadas y éticas, porque sin visión técnica, no hay rumbo… y sin rumbo, no hay ciudad posible.

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