La democracia en México atraviesa uno de sus momentos más vulnerables en décadas. No es una percepción aislada ni una exageración retórica: Freedom House clasifica hoy al país como “parcialmente libre”, y el proyecto V-Dem advierte una tendencia clara hacia la autocratización. Cuando el poder se concentra, los contrapesos se debilitan y la democracia deja de ser una garantía para convertirse en una concesión.
Este riesgo no surge de la nada. En el plano interno, se asoma una reforma electoral que apunta a reducir la autonomía de las instituciones y a concentrar aún más las decisiones en el poder político. Afuera, la amenaza tampoco es menor. El tono del gobierno de Estados Unidos ha escalado de forma evidente. Donald Trump ha vuelto a plantear, sin matices, la posibilidad de actuar directamente contra los cárteles en México, y esa retórica ya no se queda en declaraciones. En el Congreso estadounidense, incluso legisladores demócratas han impulsado iniciativas para impedir cualquier acción militar en territorio mexicano sin autorización expresa del Congreso, lo que confirma que el escenario de una intervención se está discutiendo con seriedad institucional.
La historia reciente de Venezuela dejó una lección incómoda: la pérdida de legitimidad interna abre la puerta a presiones externas. Hoy México enfrenta una crisis de democracia y de soberanía. En tiempos así, guardar silencio es ceder terreno. Esta columna nace con ese propósito: ejercer la palabra como un acto de defensa democrática. Nos leemos aquí cada quince días.