Esta obra resume lo peor de la llamada “Cuarta Transformación”. No sólo por su origen anclado en ideas del pasado, sino por el engaño sistemático y la crisis en la que ha terminado.
Primero, los números. Se anunció con un costo de 8 mil millones de dólares; hoy supera los 21 mil millones. Más del doble. Mucho más que un sobrecosto: una señal clara de desorden y opacidad.
Después, la operación. Se prometieron 340 mil barriles diarios. La realidad ha rondado los 205 mil barriles, con paros y fallas constantes. Y lo más grave no es la cifra, sino la causa: problemas de seguridad que ya cobraron vidas. El 17 de marzo, cinco personas murieron. Eso no es un dato, es una tragedia.
A esto se suma el derrame de hidrocarburo en la zona, con afectaciones que se han extendido por más de 600 kilómetros. La presidenta dice que merecemos saber la verdad. Tiene razón. Pero esa verdad llega ya un mes tarde, y en una emergencia, el silencio también es responsabilidad.
Dos Bocas dejó de ser una refinería. Hoy es un símbolo: de promesas que no se cumplen, de decisiones que no se corrigen y de un gobierno que, frente a la realidad, sigue apostando por negarlo todo antes que decir la verdad.
No es un error aislado.
Es un patrón.
Y los patrones, cuando no se corrigen, terminan por definir un sexenio… y marcar a un país entero.