Una de las bases ideológicas de la transformación de quinta (4T) es el mal llamado “Humanismo Mexicano” continuamente evocado por la presidenta Sheinbaum y al que dedica un espacio semanal en su show mañanero.
Recientemente se refirió al tema en su mitin del domingo 31 de mayo: “el modelo de humanismo mexicano y economía moral fortalece la distribución de riqueza y el desarrollo de la economía desde abajo”. En general se entiende por humanismo poner al ser humano en el centro del pensamiento, privilegiando su dignidad y desarrollo personal, pero para la transformación de quinta el Humanismo es un modelo utópico de desarrollo porque no promueve la equidad social, la distribución de la riqueza, la economía, el bienestar compartido, el crecimiento económico, la no discriminación y la justicia social.
El “humanismo” del régimen, sintetizado en el slogan “por el bien de todos, primero los pobres” se ha limitado a repartir dinero a diestra y siniestra que sólo genera asistencialismo (y votos electorales) pero no desarrollo; menosprecia la educación, el fortalecimiento de la dignidad humana y el crecimiento económico. Ese “humanismo” no ha logrado prosperidad compartida ni políticas públicas eficientes; se burla de la dignidad de las personas y fomenta la división y, con ello, la confrontación entre los ciudadanos, pero con estadísticas y datos a modo, la presidenta lo presume como una reducción de la pobreza y la mejora en la calidad de vida de millones de mexicanos.
Ese pretendido humanismo no considera que el desarrollo de las personas implica, justamente, poner en el centro al hombre por encima de la acumulación de bienes. Sería conveniente que la presidenta leyera y reflexionara sobre algunos párrafos de la reciente Encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV, que a muchos ha llamado la atención por el tema de la inteligencia artificial pero que, de inicio, recuerda importantes aspectos de la Doctrina Social de la Iglesia que aplican a todo gobierno.
Entre otras cosas, el Papa recuerda que “El desarrollo es integral cuando no se reduce al ámbito económico, sino que promueve la calidad de vida”, que “El desarrollo es humano cuando pone en el centro a las personas y no la acumulación de bienes”, que “el poder público tiene la delicada tarea de «armonizar con justicia» los diversos intereses en juego, buscando el equilibrio entre bienes particulares y bienes de conjunto, sin dejar atrás a los más débiles”
Pero hay algunos párrafos que describen lo que está haciendo la 4T: “no es humano un desarrollo que aumenta el consumo de algunos a expensas de costos y heridas en otros”, y que “Cuando la política renuncia a una visión a largo plazo y se reduce a cálculos de corto plazo o a polarizaciones estériles, los discursos sobre el bien común pierden credibilidad, y al mismo tiempo crecen las desigualdades y las fracturas sociales”, exactamente lo que está haciendo el actual régimen.
El “Humanismo Mexicano” es una falacia retórica cuyo único objetivo es manipular con razonamientos engañosos, con miras a mantener el poder.