Casi todo lo que hace la transformación de quinta (4T) responde a un capricho para hacer creer que se hace para bienestar del pueblo, pero que se ejecuta sin una ruta de acción, estudios de mercado, análisis costo-beneficio, resultados esperados, tiempo de ejecución, etcétera.
Durante años se ha demostrado que el Gobierno no es hábil empresario. Desde Luis Echeverría hasta AMLO ha habido empresas estatales hoteleras, turísticas, de transporte y otras que terminaron en quiebra, cancelación o pérdidas recurrentes. Recientes fracasos incluyen trenes, megafarmacia, aeropuerto, aerolínea, refinería y otras. Recientemente, la presidenta Sheinbaum presentó una ocurrencia más llamada Olinia, a la cual definió así: “No es ni una moto, ni un carro compacto de los que se conocen, sino es un vehículo especial diseñado para las calles de las ciudades y los pueblos en México”.
Por la definición pensé en una especie de tanque de guerra para resistir los numerosos baches y topes que existen en la mayoría de las grandes ciudades del país y en muchos pueblos que a veces ni pavimento tienen, pero se trata de una especie de caja de zapatos con ruedas (miniauto eléctrico) que “no corresponde a ninguna categoría de vehículo”, en palabas del coordinador del proyecto.
Como acostumbra la 4T, la información se esconde: no se presentaron datos técnicos y financieros del proyecto, y la falta de planeación se evidenció cuando la señora Sheinbaum dijo lo siguiente: “Estamos buscando socios, porque la idea es que no solo sea una producción estatal completamente, sino también una producción mixta”. Solo se conocen detalles generales, pero las especificaciones técnicas aún se desconocen, especialmente las relativas a costos y presupuesto/financiamiento.
Se ignora cuál es su expectativa de vida, si las aseguradoras lo querrán cubrir, los talleres para su mantenimiento y sus rangos de autonomía según el peso a bordo, condiciones climáticas y densidad del tránsito. Se sabe con no cuenta con bolsas de aire (a 50 kilómetros por hora un impacto no es tan fuerte), y que no podrá circular en vías rápidas; en un video se aprecia que su altura permite introducir a una persona en silla de ruedas sin necesidad de una rampa, lo cual lleva a pensar que su tolerancia a topes y baches severos es menor que la de vehículos con mayor altura y suspensión más robusta, además del riesgo de naufragar en alguna calle por las lagunas resultantes de las lluvias.
Se estima que tendrá un costo base de $150,000, a lo cual habría que agregar el incremento en los recibos de energía doméstica por las ocho horas que requerirá para su carga, cosa que lo hace inviable para el grueso de la población y, para quien puede tener mayores recursos, existe la posibilidad de un mejor auto usado eléctrico o híbrido en buenas condiciones por un precio similar o menor, según un portal automotriz.
El Olinia tiene todo para fracasar. ¿Sería ocurrencia de Sheinbaum o de su coordinadora del Consejo Asesor Empresarial con miras a un negocio automotriz de alguna de las empresas en que participa como aparentemente sucedió con Dina?