Hay errores de Gobierno que cuestan dinero y hay errores de Gobierno que cuestan vidas. La salud es uno de ellos. Millones creyeron en la promesa de un sistema de salud mejor que el de Dinamarca. La realidad terminó siendo muy distinta. Hoy, una de las mayores deudas de la 4T es la salud.
La tragedia comenzó cuando se decidió desaparecer el Seguro Popular sin contar con una alternativa capaz de sustituirlo eficazmente. El resultado fue que millones de personas perdieron acceso a servicios de salud. De acuerdo con cifras oficiales, la población sin acceso pasó de 20 millones de 2018 a más de 50 millones en los años posteriores.
Después vino el desabasto de medicamentos. Miles de pacientes con cáncer, enfermedades crónicas y padecimientos de alta especialidad enfrentaron la incertidumbre de no encontrar los tratamientos que necesitaban. Para muchas familias, la búsqueda de medicinas se convirtió en una lucha diaria.
A ello se sumó la caída en los niveles de vacunación y una gestión de la pandemia que dejó a México entre los países con mayores niveles de exceso de mortalidad.
La salud pública no se mide en discursos. Se mide en consultas, tratamientos, cirugías, vacunas y, sobre todo, en vidas salvadas. Por eso, resulta imposible hablar de éxito cuando millones de mexicanos enfrentan más dificultades para atenderse que hace algunos años.
La salud no admite improvisaciones. Cuando un Gobierno falla en esta tarea, las consecuencias las pagan las familias más vulnerables.