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30 de junio 2026

Mario Maraboto

Una frase muy común de los mexicanos para evitar enfrentar una responsabilidad, problema o situación incómoda es «Hacerse pato», expresión cuyo origen parece ser el que los patos sumergen la cabeza en el agua para limpiar sus ojos y fosas nasales y parecen ignorar lo que sucede a su alrededor.

Un pato llamado “Merlín” ha llamado la atención durante el campeonato mundial de futbol y fue una gran oportunidad presidencial para hacerse pato. El lunes de la semana pasada fue presentado en el show presidencial matutino; su dueña, Karla Gómez, madre soltera y comerciante ambulante explicó que son “una familia que se levanta todos los días para ir por ese sustento para mantener a una familia… Estamos trabajando en la calle, somos vendedores…” Al explicar su presencia en Palacio Nacional, la presidenta Sheinbaum dijo: “… es un asunto de humanismo, de que se conozca a la familia… y obviamente, el vínculo que establecemos es humanista” (¿no político?) y expresó que ayudará a que la fama del pato se traduzca en una mejora en la calidad de vida de esa familia.

La presidenta expresó asombro sobre “cómo muchas familias mexicanas siempre salen adelante de manera honesta, trabajando duro” (¿no lo sabía?) y ofreció: “… Y pues lo que hay que hacer es ayudar, como hacemos en el Gobierno de México”, y precisó: “Los Programas de Bienestar son eso: apoyo, ayuda, no dejar a nadie atrás.” Es decir, ayudar al estilo 4T: repartiendo dinero sin buscar el desarrollo de la persona.

Como Karla, muchas madres de familia se dedican al comercio ambulante para subsistir, invirtiendo lo poco que tienen en la mercancía que venderán. Consuelo es una migrante guatemalteca que se partía el alma como vendedora ambulante para atender la salud de su hijo Diego, atacado por múltiples enfermedades que lo tuvieron postrado hasta su muerte hace tres años. Pero la vida sigue y Consuelo busca su sustento vendiendo café y galletas en un puesto ambulante.

Una de las cosas que enfrenta ella y prácticamente todos los ambulantes, es el acoso de los autonombrados líderes que asignan lugares para instalar puestos, exigen cuotas periódicas, tienen capacidad para convocar marchas, manifestaciones o actos políticos, y pueden evitar la instalación de un puesto cuando el ambulante no puede pagar la cuota exigida, como le ha sucedido a Consuelo.

Este comercio se da en casi todo el país y, especialmente en la Ciudad de México, se vive intensamente en torno a Palacio Nacional, en donde vive y trabaja (es un decir) la señora Sheinbaum quien, seguramente, lo tiene identificado desde que era Delegada en Tlalpan, Jefa de Gobierno y ahora como presidenta. Pero la forma de ayudar a estas madres luchadoras no es con programas del bienestar (o sólo con eso), sino regularizando este comercio y, lo imposible por lo que significa en acarreos y votos, quitando de en medio a esos líderes; por eso se hace pato.

Me parece que invitar a Karla a presentar a “Merlín” tenía la intención de hacerse pato ante las madres buscadoras, los feminicidios, las carencias en los hospitales, la corrupción, las solicitudes de aprehensión de presuntos narcopolíticos, los apagones y tantos problemas en el país. Al parecer, el pato ha venido a sustituir al ganso; lo de hoy, es hacerse pato, y dejar que los problemas sigan y crezcan.

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