Ser madre en México no solo transforma la vida personal y familiar: también puede modificar de forma profunda la estabilidad financiera.
Especialistas llaman a este fenómeno “penalización por maternidad”, una realidad en la que muchas mujeres enfrentan pausas laborales, menor crecimiento salarial, pérdida de oportunidades, menos ahorro para el retiro y una carga económica creciente por cuidados, salud, educación y manutención.
En el país, menos de la mitad de las madres (44%) tiene empleo o está en búsqueda de trabajo, de acuerdo con análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) con base en datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI.
Además, 58% de las madres ocupadas trabaja en la informalidad, lo que significa ingresos más bajos, falta de seguridad social y escaso acceso a guarderías o prestaciones.
El impacto también llega al retiro: cuando una mujer sale del mercado laboral o cotiza menos años, disminuye su ahorro pensionario.
A ello se suma que las mujeres siguen absorbiendo gran parte del trabajo no remunerado en casa y cuidados.
Las señales de alerta son claras: dejar de cotizar, usar tarjetas para gastos infantiles, depender totalmente del ingreso de otra persona, no tener fondo de emergencia o posponer metas patrimoniales.
La maternidad no genera pobreza por sí sola, pero un sistema laboral sin corresponsabilidad sí puede empujar a vulnerabilidad económica.
Planear finanzas, exigir derechos laborales y buscar redes de apoyo puede marcar la diferencia entre sobrevivir mes a mes o construir estabilidad.