En México, hablar de autonomía financiera femenina sigue siendo urgente. Tener autonomía económica significa que una mujer pueda generar ingresos, administrar su dinero, ahorrar, decidir sobre gastos y construir patrimonio sin depender totalmente de otra persona.
Sin embargo, millones aún enfrentan barreras estructurales: trabajo doméstico no remunerado, brecha salarial, maternidad sin redes de apoyo y violencia económica dentro del hogar.
De acuerdo con datos del INEGI, las mujeres dedican muchas más horas semanales al trabajo de cuidados que los hombres, lo que limita su acceso al empleo formal y mejores salarios.
Además, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) advierte que muchas sufren control del dinero por parte de la pareja, prohibición para trabajar o vigilancia sobre sus gastos.
Las señales de alerta suelen normalizarse: pedir permiso para usar dinero propio, no conocer cuentas bancarias familiares, no tener ahorros personales, depender por completo de la pareja o abandonar proyectos laborales por presión.
Las consecuencias son severas: dificultad para salir de relaciones violentas, pobreza en la vejez, endeudamiento, ansiedad y pérdida de oportunidades profesionales.
La autonomía financiera no es lujo, es protección, libertad y dignidad. También aplica para amas de casa, profesionistas, emprendedoras o estudiantes. Hoy, controlar las finanzas personales es una herramienta de seguridad y poder real.