Yamile David. Presidenta del Observatorio Ciudadano de Querétaro.
@Ocqciudadania
@YamileDG
En una era donde el mindfulness busca darnos herramientas para una salud mental óptima, la política queretana no nos ayuda vivir el «aquí y el ahora». Vallas pintadas, recorridos callejeros, videos, canciones, declaraciones, mesas de análisis y memes nos bombardean a diario, a pesar de que las campañas electorales comenzarán oficialmente hasta 2027.
Esta avalancha de propaganda genera una profunda inquietud, especialmente una pregunta que resuena con fuerza: ¿Dónde está la autoridad electoral? ¿Dónde está el árbitro que debería señalar y sancionar estas flagrantes faltas a la ley por campañas anticipadas?
En México, la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE) regula las sanciones por actos anticipados de precampaña o campaña. El Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) son las instituciones encargadas de investigar, sustanciar y resolver estas infracciones.
Para precandidatos, candidatos y partidos políticos, la ley contempla amonestaciones públicas, multas, pérdida de registro y reducción del financiamiento, entre otras. Sin embargo, estas sanciones rara vez se aplican porque, según la interpretación actual, solo proceden cuando se invita directamente al voto o al apoyo.
La ley: ¿Relativa o cómplice?
Surge entonces la pregunta crucial: ¿Es la interpretación de la ley y los criterios jurisprudenciales del TEPJF tan relativa como nos quieren hacer creer? La ciudadanía percibe una manipulación, una negación descarada de acciones claras y contundentes. Los ciudadanos somos inteligentes y estamos hartos de que nos tomen por tontos.
¿En qué se ha convertido la política en los últimos tiempos? ¿Y nosotros, como sociedad, en qué nos estamos convirtiendo? La desigualdad, la pobreza, la inflación, la desregulación laboral, los miedos identitarios y culturales, y el creciente aumento de la desconfianza en las instituciones son el caldo de cultivo perfecto para el surgimiento y fortalecimiento de perfiles de derecha y ultraderecha.
No podemos criticar a estos líderes sin antes realizar un análisis profundo de las razones de su elección. El discurso sobre la importancia de la participación ciudadana se queda corto. Hoy se requiere un análisis profundo, sociológico y humanístico.
Como he dicho antes, necesitamos gobernantes estadistas y humanistas, instituciones fuertes y sólidas, y una verdadera división de poderes.
Por ahora, nos queda al menos un año y medio de escuchar nombres de candidatas y candidatos (como siempre, en mayoría) hasta en la sopa, mientras los líderes políticos «barajean las cartas» y la sociedad, distraída, sigue dejando la política en manos de los políticos.
Si no nos involucramos, después no tendremos derecho a quejarnos.