Recibí muchas críticas a lo largo de este viaje, algunas me dieron igual, otras me molestaron un poco, pero hubo una que se repitió bastante y dio en la parte más sensible de mi orgullo: “Es que tomaste camión”, y sí, en efecto, tomé varios camiones por diversos motivos, por evitar una zona peligrosa, para saltarme un lugar que no me llamaba la atención, porque me sentí inseguro o incapaz de hacer ese trayecto en bici, etcétera, aun así, la mayoría de los kilómetros que recorrí fueron pedaleando arriba de mi Golondrina.
Es interesante como, ante decenas de comentarios bien intencionados que aplaudían mi aventura, que buscaron darme fortaleza en momentos difíciles o simplemente mandarme amor, yo me enfoqué, durante mucho tiempo, en los que demeritaban mi viaje, pero, con todo y mis fantasmas reflejados en palabras ajenas, seguí mi camino.
Así, el 26 de septiembre de 2024, tomé un camión de la CDMX hacia a la ciudad de Oaxaca. Llegue con mi bici y mis cosas, con quejas y con porras, sabiendo que, pasara lo que pasara, lo viajado nadie me lo quitaba.